
Tu ayer, mi ayer.
Veo pasar, como si nada, los colores de esta ciudad, la nueva. Construida sobre ruinas estás, y en tu anterioridad hay un rodeo de recuerdos que yacen en las profundidades de tu nueva, vigorosa e inverosímil imagen de tu recóndita urbanidad. Calles y plazas recorridas, añejas y marchitas, flamantes y a la vez lluviosas, llena de antiguos habitantes sofocados, sin vida, con la mirada brillosa, que suplican ante otros ojos la salvación que no tienen y desean. Esos ojos ancianos, que te miran, que nos miran, supieron desafiar los vientos de la vida y ahora desgastados pero ardidos buscan consuelo en la muerte. Un lánguido comienzo, que nos acecha cuando nuestra juventud nos desampara. Así sin más… Juventud que nos colma de buenas nuevas… tiempos pasados donde el amor llega sutil y lánguidamente… para dejarnos en los labios de ensueños un sabor amargo, pues cuando perdemos, nos lastima, sollozamos, leemos Benedetti, escuchamos Sabina y nos resignamos a una vida llena de dolores, o de un solo dolor, que parece no acabarse, que va mas allá y que se ampara en lo que debería ser amor, pero irremediablemente, es soledad… juventud que nos perdió en soledad, que se perdió en soledad… Los ancianos aun la seguimos viviendo. Cuando nos abandonan, lloramos solos, consternados en el mundo. Quien sabe si después de la despedida, habrá un reencuentro? Quien sabe si no serás tu quien muera esta tarde? Quien sabe, o quien lo sabrá para decírmelo, si me necesitas y no me lo puedes expresar… pero siempre, tras barrotes de hierro, de desamor, somos nosotros y otros, disfrazados por nuestros deseos. Jamás hacemos lo que queremos, entonces nos conformamos con lo que hay, lo sufrimos minuciosamente pero solo de noche, cuando se nos caen 200 lágrimas y entendemos, que el mundo es demasiado redondo para recorrerlo, y que en la busca de la plenitud, caemos por falta de equilibrio. Las horas pasan, las reminiscencias crecen, se nos hace todo triste, sentimos la angustia en el pecho, estamos ahogados, alienados. Y al fin, se nos ha vedado el llanto, tenemos que forzarnos para que esas lágrimas, salgan al ritmo de un llanto silencioso, que demuestra que hemos fracasado una vez más, y que nadie lo sabe. Vale la pena entonces, doblegarnos, observar el futuro, y estar prevenidos contra la más fuerte de las melancolías. Pero todo esto se vuelve inútil y vano cuando revivo una y otra vez esa imagen, tu soledad en el teatro, yo tocando el piano para vos... Comprendes mis palabras calladas, y atenta escuchas mi música, un cruce de mirada, y sonreímos… ambos lo sabemos, ambos lo sentimos. El mundo en todo su esplendor es nuestro, voy a tu búsqueda, pero el deseo es demasiado grande. Entonces, mi proyecto se desvirtúa y camino fantasioso, sin cumplir mi deseo, por las calles de esta ciudad, donde las ruinas del antes y el ahora, se fusionan y son una… todo es una misma ruina... Aún no me has llamado, condolido de mi destino, lloro de vuelta con impotencia, y conmigo llora una rosa de lluvia del jardín, que te vio crecer, a vos misma, a tu actual trascendencia y a tus anteriores y futuros recuerdos, mientras, sigo tocando el piano, sabiendo que no debo llorar, y resistir hasta el final, como esos ancianos que con la mirada brillosa, nos advierten que no hay otra vida sino la de ahora… la vida que nos hace correr por los valles y las pasturas… la vida que nos hizo sentir el mismo olor a hierba fresca, a tinta, a pluma, y a una antigua carta.
Y allí están… una foto con tu imagen, dos en blanco y negro, y un sitio vacío en donde ya no estas. Tus cenizas se mezclaron con la tierra, y están ahora con el mundo, colmándolo. Como hacer entonces?... Para decirte que te amo, si tu has muerto joven y yo ya soy viejo, y sigo amando a esa joven que ahora debería ser vieja, pero que murió mucho antes. He quedado solo, he visto morir a todos. Me aproximo errante a mi cuarto, donde no tengo ninguna de tus fotos, lloro por recordar que alguna vez fui joven, y que debo partir. Con miedo a no encontrarte, después, en el más allá, tomo aliento, me relajo, y logro penetrar en el más profundo sueño de paz. Donde aparece al instante, tu nueva imagen fresca, que se reconcilia conmigo, y vuelve a sentir lo de antes, lo platónico, lo puro, lo intenso, lo sincero. Pero supongo, todo esto, es inútil en la realidad. Solo está eso, el recuerdo, que poco a poco se va desgastando, que va dejando de existir, siendo solo instantes de lo que fue un ayer cercano, y un ahora que se está yendo. Y si ya es tarde, perdóname. Y si ya no es lo mismo, solo perdóname. Solo sigo, sin encontrar resguardo, en este valle de nubes, de grises y verdes lágrimas. Lágrimas que a veces quieren ser de metal, que quieren se fundirse, pero que son de agua, el agua más triste, la más sedienta, la más sublime, la que la ciudad presencia ahora, la cual seguirá presenciando y percibiendo mi vida, mi ahora, mi futuro y mi pasado. Atado a vos, me duele saber, que ya no sos, sino en la fantasía. Como encontrarte? Nuevamente…, como hacer? Como intentar? De nuevo ser felices… porque lo que antes fue mi presente y realidad, es ahora pesada nostalgia.
texto: Norwest -modificado-
foto: Pepe Pugni

3 Comments:
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Amor..., tus palabras y las mias se funden y se hacen una, y es una metáfora perfecta de lo que sentimos. La verdad es que no comparé el texto original con el tuyo para ver qué agregaste..., pero lo que se es que nuestros cuentos serían maravillosos.
:D
Besotes, te amo
Asi es Norwest... tome robado tu texto y lo modifique.. estaba muy bueno... la prox pido autorizacion antes jeje... no se en realidad si quedo bien, pero es lo ke hay... Espero q ud señor autor sepa comprender
mati... esta todo bien... baja un cambio y sta todo mas q excelente dale?
besos
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