sábado, noviembre 11, 2006


Y ahí estamos… surgiendo y sollozando por primera vez… quizás porque tememos a lo inexplorado o quizás porque debemos concluir para iniciar…
Y es que en eso radica la vida o el infierno… Comenzar sabiendo que se debe terminar, suspirar para saber que después vendrá un reír, ser feliz para tener certeza de que se deberá sufrir, amar para estar al tanto que se deberá perpetuar…
Y es eso la rutina, sosegarse para despertar, ver el sol para tener noción de que falta poco para ver la lobreguez, avivar para que falte poco para soñar, existir sabiendo que cada vez falta poco para agonizar…
Y porque debería ser diferente? Cada vivencia comenzada, será finalizada y sepultada en las memorias, para resurgir en los días de congoja. Cada instante acertado será revivido en períodos de zozobras, para atormentarnos como humanos que somos, y cada desliz cometido nos dará el bálsamo mediocre que de él algo hemos aprendido…
Porque debería ser diferente esta vez?... Todos entablamos amistades ansiosos de que sean imperecederas, pero una distancia, una equivocación hará sucumbir esa ilusa utopía y nos dará la oportunidad de conocer nuevas amistades y consumar nuevos errores y dilapidarlas de otra forma…
Porque tiene que ser diferente con nosotros? Si cada vez que amamos se despierta en nosotros la ambición de que ese ente, sea el ser que muera cada sombra y despierte cada ciclo a nuestro lado, para luego tropezarnos con la sagaz realidad de que esa alma no es mas que una historia que alguna que otra vez resonaremos…
Y es así… y así será y no hay poder, ni posibilidad de perturbar esa fidelidad… o alguien me va a negar que se emprendió este escrito, solo para darle un final?…

jueves, noviembre 09, 2006


Tu ayer, mi ayer.

Veo pasar, como si nada, los colores de esta ciudad, la nueva. Construida sobre ruinas estás, y en tu anterioridad hay un rodeo de recuerdos que yacen en las profundidades de tu nueva, vigorosa e inverosímil imagen de tu recóndita urbanidad. Calles y plazas recorridas, añejas y marchitas, flamantes y a la vez lluviosas, llena de antiguos habitantes sofocados, sin vida, con la mirada brillosa, que suplican ante otros ojos la salvación que no tienen y desean. Esos ojos ancianos, que te miran, que nos miran, supieron desafiar los vientos de la vida y ahora desgastados pero ardidos buscan consuelo en la muerte. Un lánguido comienzo, que nos acecha cuando nuestra juventud nos desampara. Así sin más… Juventud que nos colma de buenas nuevas… tiempos pasados donde el amor llega sutil y lánguidamente… para dejarnos en los labios de ensueños un sabor amargo, pues cuando perdemos, nos lastima, sollozamos, leemos Benedetti, escuchamos Sabina y nos resignamos a una vida llena de dolores, o de un solo dolor, que parece no acabarse, que va mas allá y que se ampara en lo que debería ser amor, pero irremediablemente, es soledad… juventud que nos perdió en soledad, que se perdió en soledad… Los ancianos aun la seguimos viviendo. Cuando nos abandonan, lloramos solos, consternados en el mundo. Quien sabe si después de la despedida, habrá un reencuentro? Quien sabe si no serás tu quien muera esta tarde? Quien sabe, o quien lo sabrá para decírmelo, si me necesitas y no me lo puedes expresar… pero siempre, tras barrotes de hierro, de desamor, somos nosotros y otros, disfrazados por nuestros deseos. Jamás hacemos lo que queremos, entonces nos conformamos con lo que hay, lo sufrimos minuciosamente pero solo de noche, cuando se nos caen 200 lágrimas y entendemos, que el mundo es demasiado redondo para recorrerlo, y que en la busca de la plenitud, caemos por falta de equilibrio. Las horas pasan, las reminiscencias crecen, se nos hace todo triste, sentimos la angustia en el pecho, estamos ahogados, alienados. Y al fin, se nos ha vedado el llanto, tenemos que forzarnos para que esas lágrimas, salgan al ritmo de un llanto silencioso, que demuestra que hemos fracasado una vez más, y que nadie lo sabe. Vale la pena entonces, doblegarnos, observar el futuro, y estar prevenidos contra la más fuerte de las melancolías. Pero todo esto se vuelve inútil y vano cuando revivo una y otra vez esa imagen, tu soledad en el teatro, yo tocando el piano para vos... Comprendes mis palabras calladas, y atenta escuchas mi música, un cruce de mirada, y sonreímos… ambos lo sabemos, ambos lo sentimos. El mundo en todo su esplendor es nuestro, voy a tu búsqueda, pero el deseo es demasiado grande. Entonces, mi proyecto se desvirtúa y camino fantasioso, sin cumplir mi deseo, por las calles de esta ciudad, donde las ruinas del antes y el ahora, se fusionan y son una… todo es una misma ruina... Aún no me has llamado, condolido de mi destino, lloro de vuelta con impotencia, y conmigo llora una rosa de lluvia del jardín, que te vio crecer, a vos misma, a tu actual trascendencia y a tus anteriores y futuros recuerdos, mientras, sigo tocando el piano, sabiendo que no debo llorar, y resistir hasta el final, como esos ancianos que con la mirada brillosa, nos advierten que no hay otra vida sino la de ahora… la vida que nos hace correr por los valles y las pasturas… la vida que nos hizo sentir el mismo olor a hierba fresca, a tinta, a pluma, y a una antigua carta.
Y allí están… una foto con tu imagen, dos en blanco y negro, y un sitio vacío en donde ya no estas. Tus cenizas se mezclaron con la tierra, y están ahora con el mundo, colmándolo. Como hacer entonces?... Para decirte que te amo, si tu has muerto joven y yo ya soy viejo, y sigo amando a esa joven que ahora debería ser vieja, pero que murió mucho antes. He quedado solo, he visto morir a todos. Me aproximo errante a mi cuarto, donde no tengo ninguna de tus fotos, lloro por recordar que alguna vez fui joven, y que debo partir. Con miedo a no encontrarte, después, en el más allá, tomo aliento, me relajo, y logro penetrar en el más profundo sueño de paz. Donde aparece al instante, tu nueva imagen fresca, que se reconcilia conmigo, y vuelve a sentir lo de antes, lo platónico, lo puro, lo intenso, lo sincero. Pero supongo, todo esto, es inútil en la realidad. Solo está eso, el recuerdo, que poco a poco se va desgastando, que va dejando de existir, siendo solo instantes de lo que fue un ayer cercano, y un ahora que se está yendo. Y si ya es tarde, perdóname. Y si ya no es lo mismo, solo perdóname. Solo sigo, sin encontrar resguardo, en este valle de nubes, de grises y verdes lágrimas. Lágrimas que a veces quieren ser de metal, que quieren se fundirse, pero que son de agua, el agua más triste, la más sedienta, la más sublime, la que la ciudad presencia ahora, la cual seguirá presenciando y percibiendo mi vida, mi ahora, mi futuro y mi pasado. Atado a vos, me duele saber, que ya no sos, sino en la fantasía. Como encontrarte? Nuevamente…, como hacer? Como intentar? De nuevo ser felices… porque lo que antes fue mi presente y realidad, es ahora pesada nostalgia.




texto: Norwest -modificado-
foto: Pepe Pugni

martes, noviembre 07, 2006


Sentiste alguna vez el estremecimiento de avasallar el océano, cuando en realidad una simple ola es la que se apodera de tu ser?...
Una luna cristalina y majestuosa encendía esa pregunta que surgía de mí mas intimo ser.
Era una playa mas, contenía olas y una orilla que muchos seres habían visitado antes que yo… pero esa noche no era una noche mas… el cielo a lo alto se confundía en la penumbra del anochecer, con un mar lóbrego e insondable, formando un todo azabache, un todo taciturno, escenario ideal para que tantos filósofos como Nietzsche y Schopenhauer escribieran sus obras.
Yo era el ser mas ínfimo sobre aquella playa, estaba cautivada con ese satélite que fulguraba a lo alto, esa luna soberbia que tenia el absoluto control sobre cualquier marea relativa. Estaba extasiada ante tanta majestuosidad, y me sentía la eternidad de toda aquel matiz, sin saber que estaba dentro de aquel panorama como un accesorio mas y sin ejercer la menor influencia en el.
Cada hora extinta se disipaba en la arena, quedaba sepultada con el viento, sellada con el mar, facilitándome esa noche, redimirme de mi humanidad, confiriéndome el poder de desvanecer las cadenas de temores, prejuicios y manías que siempre rondan alrededor de los hombres… era la noche perfecta para ser libre, emanciparse de números y realidades, infringir cualquier clase de ley y fugarse con la brisa. La luna observaba de cerca cada movimiento, aunque nada podía alterar ese estado de pureza y exquisitez… ni siquiera mi propia muerte que se extendía por la arena.
Ahí estaba yo, recorriendo cada esencia de esa costa, grabando cada imagen en mi mente… ambicionando ser el todo, pero profesándome nada… Cada ola me colmaba, me desertaba, me hacia recordar que estaba viva dentro de esa muerte, que estaba desierta asediada por antifaces y que existía atiborrada de apariencias cuando realmente quería estar sola.
Esa noche esa mágica noche… en la que estuve en paz y en serenidad, tan viva, tan pura, tan libre y despojada de los fantasmas que hieren, esa noche, fue la última noche de mi vida…. O habrá sido la primer noche de mi muerte?...

viernes, noviembre 03, 2006







Ayer soñé, mi sueño recurrente…. Soñé y me vi, con mi aliada y confidente soledad, cubierta de blanco como una simple y estática pared, y con mi incondicional locura vestida de fuego como la mismísima pasión…
Allí estábamos las tres, en medio del laberinto existencia, evadiendo los deslices del pasado, atravesando puertas a días de risas a carcajadas y otras puertas a lamentos desconsolados… Íbamos las tres sin prisa, buscando algo parecido a felicidad… a veces creíamos encontrarla, otras veces fracasábamos y naufragábamos en mares de angustia y dolor… Pero siempre las tres… las tres nos deleitábamos con noches de euforia, de ansias, de adrenalina y depresiones… Las tres nos derrumbábamos a precipicios eternos y alcanzábamos el cielo mismo… siempre yo, mi locura y mi soledad…
Pero poco a poco en ese laberinto de escondites y refugios me fui alejando de mi soledad y aliándome con mi locura, hasta el grado de disiparnos en la fantasía y dejar relegada la soledad en la mera realidad.
Y fue en esa fantasía, tras esa cortina de cristales, tras esa puerta de temores, que mi locura me ayudo a cruzar, que mis ojos se entrecruzaron con los suyos… que mis pupilas se reflejaron en las suyas y que mi locura y la suya se hicieron una…
Tras esa puerta lo vi, tras esa cortina lo descubrí, tras todos los fantasmas lo encontré y tras esas mascaras me enamore…
Mi soledad siguió divagando por ese laberinto de pesadillas y escenarios segura de que en algún momento yo reaparecería… mientras el y yo transitábamos por ese laberinto de eternidades.
Aun no recuerdo si vimos amaneceres o atardeceres, no recuerdo si me beso o lo bese primero, solo recuerdo que en ese sueño lo ame y que el también me amo… que en ese sueño su locura me iba seduciendo día tras día y la mía lo iba persiguiendo, imitando, admirando…
Pero una puerta equivocada, una decisión letal, una poderosa razón nos dejo al umbral de la utopía…
En esa puerta que cruce, el se quedo inmóvil… mientras me perdía en esa puerta, el me miraba adormecido… observaba como me marchaba con mi locura y me reencontraba con mi abatida y amada soledad…
Aun lo recuerdo inmóvil, con lagrimas demás, con tristezas compartidas… profería palabras que en la vida logre oír, mientras yo a voces exclamaba palabras que jamás logro oír…Ambos nos alejamos, ambos nos perdimos, ambos nos olvidamos….
Mi locura por primera vez se abrazo a mi razón, desertando a Nietzsche y Yalom… Mi soledad estaba intacta… solo que esta vez no la requería a mi lado y me había acostumbrado a tenerla a la distancia…
Yo en ese lapso de sueño no era yo, había crecido, había enloquecido pero aun lo conmemoraba, aun lo amaba, aun lo extrañaba…
De repente desperté… con mi rostro cubierto de lágrimas negras, con mi cuerpo solitario, con su ausencia a mi lado…
Desperté pensando que su imagen jamás se alejo de mi lado, que su locura jamás desamparo a la mía… pero al ver las leyes rondándome, los códigos apremiándome y sus cartas dispersadas en mi entorno, me di cuenta de que no solo lo había acertado, que no solo lo había venerado, sino que también nos habíamos desviado… y percibí que mi demencia me recordaba a el, que mi vida era esencia a el… porque entre leyes y filosofías, entre paranoia y soledad, entre razón y placidez … el y yo en sueños coexistíamos fusionados… pues en el momento en que yo cruce esa puerta, mi locura se entrelazo a su cuerpo y la suya al mía… y en sueños … solo en sueños, volvíamos a ser el y yo… compartiendo una misma locura…